lunes, 23 de marzo de 2009

VIVE LA VIDA LOCA




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Frenéticos ritmos de vida nos llevan a realizar los actos más ridículos e increíbles, mientras vamos de un lado al otro tratando de cumplir con los múltiples trámites que implica el transcurrir diario.
Si a la velocidad del movimiento le sumamos la tecnología comunicacional, potenciamos la rareza de los resultados.
Y si además agregamos desconocimientos varios de los aparatos y protocolos, seguiremos aumentando la exoticidad de los hechos.


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Caso 1: Automatismos
Alguien supo de la señora joven, que llevando a su hijo al colegio, semidormida, entregó a la empleada del peaje una redonda y mordisqueada galleta de arroz en lugar de la tarjeta correspondiente?
Y quién sabe por qué la empleada la recibió, la miró y como no se decidió a probarla, la devolvió con una mirada de dame lo que corresponde y quién sabe…, yo no se la hubiera recibido ¿o la empleada estaba igual de dormida?

Caso 2: Texto predictivo para SMS
Qué hubiera pasado si no hubiera dado un vistazo previo al SMS donde volvía a pedir datos a una amiga: Necesito que me contestes si van a venir o no a la fiesta, SORDA!
Y si no hubiera alcanzado a corregir!
Necesito que me contestes si van a venir o no a la fiesta, PORFA!
Les aclaro que porfa es una manera abreviada y cariñosa de decir por favor.


Caso 3: otro de texto predictivo para SMS
Cuando una amiga me informa de sus dramas, un contratiempo, una enfermedad, etc.
Y en el SMS que le mando sin mirar aparece como contestación: SEXO POR VOS
En lugar de REZO POR VOS

Cosas de la velocidad…
¿A uds. les pasó?


lunes, 16 de febrero de 2009

Categorizaciones







Según un pariente joven que circula por mi casa muy a menudo, solicitando permisos para usar diversas instalaciones,
yo soy una mujer de NO rápido y SI fácil...

Claro, le he aconsejado que ante el No, los hombres deben insistir por lo menos tres veces,
porque los que siempre ganan son los insistidores … los tozudos, los de paciencia infinita...





domingo, 1 de febrero de 2009

Normas para cuando sea vieja



¡Cuando se vive dentro de una gran familia!


Debes esmerarte en tu arreglo personal. Más cuando estás un poco vieja.

Siempre es más grato ver una ancianita coqueta que una poco prolija.
El peinado enmarañado es de lo más feo en una persona.
¡Pobre de mí, mi pelo no se queda en su lugar!
Nunca manchas en la ropa y cuidado con las uñas desprolijas - resultado de lo poco que una ve.¡¡¡Desagradable!!!
Buen aspecto , buen humor...anotando.


Mantener ciertas normas de convivencia acordadas con los demás, es bueno.


No es conveniente comentar cosas al que está al lado viendo la TV, sobre todo cuando a una se le ocurre describir lo que ya se está viendo.
Sólo se permiten comentarios si se está en son de joda y lo que menos importa es el programa que trascurre.


No leas en voz alta, artículos del diario o revistas o libros que estás leyendo, ya que por más que pienses que es lindo compartir algo interesante... a los demás, generalmente, no les interesa.

Trata de mantenerte en silencio casi siempre.
El silencio es salud.
¿Por esto serán los votos de silencio de las monjas de clausura?
También es cierto que la mujer, como el pez, por la boca muere…

No a las quejas continuas de todo lo que te duele.
Si hablas de enfermedades, debes ser muy sintética en la exposición de lo propio.
El dolor del otro es siempre peor.

Una no es el ombligo del mundo…

No cuentes permanentemente todo lo que te pasa.

Una no es el ombligo del mundo…

Pregunta más sobre cómo están y se sienten los otros.
Pero no preguntes tanto… no es cuestión...
Es mejor escuchar más que preguntar.


En realidad, las cosas que a una le pasan o que le parecen importantes, no son tan interesantes como una cree y la gente siempre anda en la búsqueda de una oreja que escuche.

Una no es el ombligo del mundo.

No te metas en las formas de hacer de los demás…
Si, ya sé que a veces no se puede desperdiciar el momento para enseñar algo que una sabe muy bien por experiencia. A los otros les cae mal que una sepa todo.

Por lo tanto: No opines si no te preguntan.

No hables siempre del mismo tema. El “machaque” aleja rápidamente a las personas.

No analices profundamente las conductas de los parientes y de los amigos, hay otras cosas de que hablar más inofensivas… que sé yo… se aceptan sugerencias.
Guarda en tu interior los aspectos negativos de las personas bien guardados y considera sólo los positivos.

Aprende a entretenerte con cualquier cosa que no implique molestar a otro.

Claro, si puedes entretenerte con otro...¡ mucho mejor !

Agrego un dicho de Sofía Loren citado por Isabel Allende en su libro "La suma de los días":
Mi secreto es mantener una buena postura y no hacer ruidos de vieja, es decir nada de quejarse, gruñir, toser, resoplar, hablar sola o soltar vientos...
-¿qué me dicen de la Loren?

miércoles, 14 de enero de 2009

Robando anécdotas



A las orillas del lago, bajo los viejos pinos, mi amiga Tita, a los 86 años, con el rostro relajado por la juventud retenida, cuenta su anecdotario con total desparpajo.
Jubilada de la docencia, maestra rural por siempre destinada al medio de la nada, en la alta montaña cordobesa o en los sitios marginales más inverosímiles, viajera del mundo, aventurera empedernida, se regocija narrando pequeñas historias que pintan al pueblo cordobés con su mejor característica: la picardía inteligente en la actitud y en el lenguaje.

Ésta es una de ésas:

Un día, iba en ómnibus a visitar unas amigas. El asiento contiguo vacío, para mi absoluta comodidad.
En la mitad del trayecto, que era bastante largo, subió un individuo mal vestido, muy sucio y extremadamente borracho.
Temí que justo me fuera a tocar de compañero de viaje y lo seguí atentamente con la mirada para determinar hacia dónde se dirigiría.
El sujeto me clavó los ojos, como en una devolución de miradas, se acercó tambaleante y luego de pararse con dificultad al lado del asiento vacío y de respirar profundamente, me dirigió un galante: “no vai a tener suerte” y … siguió de largo.

viernes, 26 de diciembre de 2008

La casa tomada y Quino


Iluminada por el blanco de las paredes encaladas, hacía un esfuerzo por imaginarme en algún lugar diferente y me aliviaba pensarme flotando en el espacio, rodeada de estrellas, en cómoda posición fetal.
Sentirme flotando, dulce sensación, tal vez, de volver al vientre de la madre.
La esperanza de no haber nacido todavía.
La posibilidad de comenzar todo de nuevo.
Sentía mi cuerpo debilitado, aplanado, pegado, consustanciado con la cama.
En realidad, sólo me quedaba aliento para sostener algún libro liviano de pequeño formato.
Leí muchos libros en ese entonces…
Sábato, Cortazar, García Marquez y tantos otros me acompañaron en esos momentos de indefinición, de tiempo suspendido en un largo presente de futuros desconocidos, improbables y oscuros.
De todos los escritores que me acompañaban en ese letargo estival sólo uno me daba recreo y me dibujaba la sonrisa en la cara, ese era Quino con Mafalda y sus amigos.
Desde entonces, Joaquín Salvador Lavado, Quino, fue mi ángel de la guarda.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Villa Luigia

El mismo recorrido de cuatro cuadras aspirando el aire puro de la mañana, el olor de los pinos en verano y el de los paraísos florecidos en primavera, abriendo bien los ojos recién despertados, para admirar los árboles antiguos y los nuevos entremezclándose en los jardines y en las veredas. Lo hago día tras día durante casi cincuenta años…
Y el cielo…Tantos cielos diferentes en cada mañana.

Comienzo el camino saludando la panza del palo borracho hasta que un día, de tanto resistir las heladas y crecer y crecer contra la lógica del clima del lugar, su tamaño asusta a los dueños y va a parar a la basura. Entonces queda un cruel espectáculo de ramas destrozadas, de entrañas corchosas desparramadas por la calle entre los charcos sanguinolentos de las flores rojas caídas del ceibo vecino.

Me queda la felicidad de pasar por el frente del castillo, con sus dos torres que parecen salidas de un juego de ajedrez gigante y las paredes de color ladrillo que contrastan sus anaranjados terrosos con el verde de las palmeras y de los siempreverdes del cerco.
Pero lo más fabuloso es ver los helechos colgantes, enraizados en las alturas, en los troncos de las palmeras formando cabelleras verdiclaras llenas de pájaros inquietos.
El castillo parece estar siempre abandonado aunque haya alguien habitándolo. El casero pone límites, de vez en cuando, a la vegetación indomable que crece tranquila sin que la molesten. Cada día, cada vez que paso , siento la necesidad imperiosa de rescatarlo de las ruinas en que se está convirtiendo.

Tuve la suerte, esas casualidades, de visitarlo varias veces. El mobiliario que se conservaba en su interior era sorprendente. Grandes roperos con espejos de casi tres metros de altura. Los marcos tallados de los bargueños y de los sillones que también eran altísimos, donde se representaban guirnaldas de elementos vegetales coronadas por murciélagos que provistos de un realismo impresionante, parecían salir de la madera oscura…De todo esto dicen que solo ha quedado un espejo.
Nunca pude conocer la terraza ya que las escaleras estaban y están destruidas.
¡Qué fiestas se habrán realizado!
¿Cuántos habrán bailado sobre los pisos de listones largos?
Y la fuente en el centro del jardín formando una rotonda de caminos... ¡Qué hermosa pudo haber sido con sus chorros de agua! Y con su escultura coronándola.

Alguien lo habita. Alguien lo quiere usar como salón de fiestas, alguien como boliche bailable. Pero ocurren desgraciados incidentes y siempre vuelve a quedar abandonado.

Algún día me enteraré, estoy segura, de cuáles son los fantasmas que rondan, niños regordetes de ojos azules y pelos rubios encrespados, que me saludan, cuando paso, desde las torres.


Villa Luigia, lleva este nombre por Luigia Olcese. Dicen que un arquitecto italiano trazó un borrador de los planos y así sus primeros dueños la construyeron. Al pasar un largo tiempo llegaron los planos finales de la Toscana, Italia, donde la villa había sido diseñada de un tamaño considerablemente mayor que la obra realizada, por lo que las escaleras quedaron fuera de la casa en sí. Faltan partes de su piso de madera, ya que fueron levantados para hacer las camas de la Casa de los Canillitas, construida en la manzana posterior, en terrenos que pertenecieron a esta Villa y financiada por Dora Olcese. Cuando paso este cuento, hay un grupo de un partido político que intenta alquilarla para poner un Centro Cultural o algo así y un café. Además dicen que acudirán a Arquitectura de la Provincia para que ayuden a restaurarlo.
¿Será?

sábado, 15 de noviembre de 2008

El objeto imaginado del amor









Es septiembre. Ya pasaron unos días del equinoccio.
El auto corre por el asfaltado perfecto de la ruta serrana que va hacia el noroeste, mimetizado por el color y la velocidad.
Se nota el viento cuando hace bailar los pétalos ambarinos sobre el camino liso. Se mueven todo el tiempo como mariposas, pero se parecen más a cardúmenes de pequeñísimos peces blancos que vienen y van, cambiando de dirección bruscamente, siempre sobre el asfalto pulido.
Ella mira su perfil sensual, sus canas blancas y brillantes y admira todo lo que es pero no le perdona lo que no es. Puro esfuerzo y voluntad para tantas cosas…
Él le dice: mirá los aromitos ingurgitados de verde - y ella piensa que su hombre tiene un valor agregado, también es poeta.
Mientras tanto, él no se anima con una idea: cómo le hago entender que las cosas no son como ella imagina .


Ella sigue admirando el color de sus ojos al mirarla, la fuerza de su cuerpo incansable, exigido, maltratado por tanto trabajo y desvelo, por tantas responsabilidades juntas…
Y se dice: hasta la muerte a su lado, pidiéndole a la muerte que les dé una tregua larga. Ella quiere algún día poseerlo y amarlo con exclusividad, no entiende compartirlo con nadie y sabe que esta falta de entendimiento la amarga y la seca por dentro. Es una idea fija. ¿Cuándo será para ella sola? Este pensamiento le da vueltas, la perturba desde que lo conoció y a través de los años se ha vuelto una obsesión continua. Por este motivo, este momento de tenerlo encerrado, solo para ella por unas cuantas horas, atendiendo su charla, la hace totalmente feliz.


Él no sabe de su obsesión, no entiende las tristezas, los desencuentros; él es de todos y de nadie. Ella no entiende de heridas que no cicatrizan en los espíritus frágiles.
Él baja las defensas en el diálogo y se entrega nuevamente. Otra vez no sabe si ha perdido o ha ganado.


El auto, como un animal mítico, mitad máquina mitad ellos, se desliza a velocidades no permitidas por el sentido común, a través de las extrañas formaciones rocosas donde los cardones expectantes los observan de pie.
Y mientras se dirige hacia el noroeste, va dejando la huella de la vida en el camino.

jueves, 6 de noviembre de 2008

SMS PELIGROSO

(. .))))))))))))))))))))(. .)


La semana pasada estuve enferma- me contaba Pilar-y fue una semana dura, agotadora.
Estaba en cama, afónica totalmente, con fiebre, destruida por quién sabe qué virus.
El celular no dejaba de sonar. Yo no quería saber nada del trabajo. Miraba sin querer mirar la pantalla y era mi jefe… ¡qué desastre! insistía, insistía.
Dada la circunstancia que su esposa estaba por tener familia y él recurría a mí, por ser madre de familia numerosa para sacarse las incertidumbres, decidí rendirme al maldito aparato.
Me parecía poco gentil, al final de todo, no atender a mi autoridad laboral.
Manoteé el aparatejo.
Le expliqué mi tardanza en atender, por supuesto utilizando mensaje de texto, con la mente nublada por la fiebre… Tecleé: “Estoy en cama y sin vos”, y lo envíe.
¡Tonta ortografía que siempre me hace quedar mal, desgraciado aparato que no hay forma de volver atrás una vez enviado el MSM! Por más que tocara todos los comandos en un intento desesperado por deshacer lo hecho, no había forma.
¡Me quería morir! En un rapto de desesperación hubiera querido arrojarlo (al celu) por la ventana. Se salvó porque tengo vidrios fijos.
Efectivamente, el jefe tenía innumerables dificultades con el acontecimiento familiar, pero no rechazó, por las dudas, lo que parecía una inminente declaración de amor, como hacen todos los hombres que por lo general, no se pueden negar a una evidencia ni desaprovecharla.
Contestó rápidamente: Habrás querido decir sin voz, porque si viese esto mi señora…que diría…
¿Y qué hiciste? Le pregunté, frenando el ataque de risa.
Pilar me contestó como pudo, en forma entrecortada, porque la risa había empezado a crecer desmesuradamente en ella también, diciendo: abrevié la respuesta y con la gripe pesándome siete veces más….después de borrar todos los mensajes ….por las dudas…. me sumergí entre las sábanas tapándome toda ….para ocultar la vergüenza que me iba subiendo hacia la cara …sin piedad…
Conclusión:
Recordando otros episodios de consecuencias desastrosas que otro día les contaré, puedo asegurar que en ciertas ocasiones, los celulares pueden ser elementos muy peligrosos para las interrelaciones humanas.

viernes, 17 de octubre de 2008

Expresión ciudadana

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Esa mañana llegué temprano a la Caja de Jubilaciones y Pensiones.
De todas maneras, ya había cuarenta y cinco personas delante mío. Calculaba que serían tres o cuatro horas de espera. Tendría tiempo de sacar unas fotocopias más por las dudas, pero antes debería averiguar por qué número iban.
Llevaba una abultada carpeta. Una semana me había tomado sacar los formularios de Internet, ir al escribano, al Banco, a la Policía.
Poder listo y certificado de supervivencia también.
Me paré a un costado de la ventanilla correspondiente para enterarme del número que estaban atendiendo.
Error.
Los cuarenta y tantos pares de ojos se clavaron en mí.
Una señora bajita y con cara de águila, me increpó, parándose: ¡Oiga! No es su turno, usted recién llega. ¿Por qué no se sienta?
Disculpe, no me siento porque no hay dónde, le contesté, corriéndome de a poco para alejarme de la ventanilla.
Los ánimos estaban calentitos a pesar del frío intenso del invierno.
Pronto conseguí un asiento de algún arrepentido que se iba para volver otro día. Desde ahí, desde esas filas de asientos que semejaban un transporte de mentirita, porque nadie iba a ningún lado, comprobé la cantidad de rostros marcados por el sufrimiento, las ojeras, los rictus de amargura y desilusión, las bolsas debajo de los ojos, las cabezas calvas, los bastones y los trípodes que las rodeaban.
De repente, se abría paso en el estrecho pasillo atestado, una señora con andador. Grande y elegante, con un movimiento cadencioso, que me hizo acordar al de un hipopótamo saliendo del agua .¡ Cómo podía con ese tamaño y esa imposibilidad!¡ Ese trámite era inhumano!
Había que pasar el tiempo. Imaginé un dedo invisible para ir dibujando los perfiles de los ancianos, uno más interesante que otro. Esa nariz ganchuda, esas orejas largas, el despeinado de la mujer cuarentona, que me frustró el entretenimiento, desesperada por su destino miserable de no poder ser ella misma, culpa del descuido eterno de sus hermanos. La única que se ocupaba de sus padres.
¡Historias! Ni siquiera pude terminar mi carrera, me iba diciendo, mientras atendía el celular simultáneamente. Todavía me falta, esperame en tal lado…
Unas cuantas ancianas acompañadas por sus hijos viejos, trataban de mantener la calma. Claro, encima que faltó al trabajo por mí, estaban pensando y ponían su mejor cara, disimulando el cansancio y el stress que el trámite les causaba. Otras permanecían mudas, mientras unas cuantas se agolpaban frente a las ventanillas.
La que estaba sentada sobre mi lado izquierdo, que hasta entonces había permanecido callada, me espetó de repente ¿Por qué se va la empleada?
Señora, la empleada no es una máquina, habrá tenido que ir al baño ¿Y por qué no la reemplazan? , preguntó con bronca, una con cara de bruja maltratada.
El grado de histeria iba subiendo a medida que llegaba gente a las mismas escasas dos ventanillas de atención para retirar los trámites finalizados- por supuesto sin turno- sin número.
Pasadas tres horas y media, me tocó .
Abrí mi frondosa carpeta.
Le expliqué al empleado cansado, con cara de no desde el comienzo de mi exposición…
Y fue no. Porque mi parentesco no entraba en la ley, porque de tramitar otro poder perdería algunas ventajas .Todos los adelantos de la era digital se esfumarían.
Perdería el derecho al cajero automático y la cuenta de Caja de Ahorros.
Pensé: el tiempo invertido en sacar los formularios de Internet y llenarlos pacientemente, en ir a pagar el estampillado al Banco, en volver a la Comisaría, no servía.
El dinero gastado en la escribanía, el viaje y la playa de estacionamiento-horas y horas en un lugar céntrico muy caro- no servía.
El tiempo perdido esperando, no había servido.
Pregunté en la mesa de entradas, dónde podía dejar alguna queja y me dirigí al rincón indicado. Llené el formulario de queja o sugerencia - ambas- lo puse en el buzón transparente.
Era el único reclamo del día.
Me invadió un sentimiento parecido al de estar abriendo la caja de Pandora.
Todo podía suceder a partir de ese momento, a partir del pongan más personal para atender y vean que los formularios de Internet estén actualizados.

Un mes después me llegó la carta con el agradecimiento y la información de que mi reclamo había sido derivado a quién correspondía.


Conclusión:
Aprender a pasar por el trance de un trámite en cualquier institución
es una buena oportunidad para:
desarrollar la paciencia y la voluntad,
los buenos modales,
las sonrisas civilizadas y
los comentarios positivos.
También es un buen momento para arribar a una filosofía de vida diferente,
rezarle a todos los santos,
o hacerse budista.

domingo, 14 de septiembre de 2008

La noche de los pavos reales.




Si los días de Marta María son muy agitados, aunque la mayor parte de su vida ha abierto sus ojos al mediodía, lo moviditas que son sus noches, para qué les voy a contar.
Evidentemente no es la única que pasa esas noches tan enloquecedoras como suelen ser las horas diurnas de los más trajinados días. Es toda una generación de padres la que sufre los embates de los horarios nocturnos que están de moda para salir a fiestas, a los boliches o a cenas juveniles y para recibir visitas eternas de novios.
A Marta María le gustan las tareas fuertes y extrañamente masculinas, como arreglar jardines gigantescos, limpiar y pintar piletas, hacer grandes mudanzas, pintar juegos enteros de muebles…Pero también es de las que gusta dirigir todas las tareas pequeñas, cotidianas y tan necesarias, dando órdenes a diestra y siniestra desde una silla, y sin movérsele una sola pestaña. Lo verdadero es que llegada la noche, Marta María se alista para muchísimas actividades que luego podrá hacer a medias dado el agotamiento acelerado que carga y que además, le ocasiona un gran malestar, inmediato, en su carácter.
Marta María está casada con un notable notario, llamado Elcíades, nombre este de reminiscencias brasileñas, al cual le gusta cocinar, disfrutar de la buena vida, y de las oportunidades que ésta le pone en la punta de la nariz, las que no puede dejar pasar sin aprovechar.
Ambos son” gente de amplios y variados mundos”
Tienen dos hermosas hijas, Coti y Bella que pertenecen al jetset de la ciudad.
También poseen dos pequeños retoños, Michaela y Fermín quienes todavía no pertenecen al jetset. Por lo que “pintan”, Michaela seguramente será actriz famosa y Fermín, ejercerá cualquier profesión, pero será muy conocido también.

La noche de los pavos reales no tendría nada que ver con ésta que les voy a narrar. Pero algunas conexiones extrañas hacen que pueda aplicarse el nombre de una solitaria noche entre el faldeo de las sierras y el lago, donde los pavos reales nos estremecieron con gritos desconocidos para nuestro haber cultural, a una noche transcurrida en un barrio elegante de la ciudad de Córdoba.

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Por qué recuerdo esto en forma paralela, cuando Marta María me cuenta la noche que ha tenido que pasar, con los ojos enmarcados por unas levísimas ojeras… no lo sé, relaciones profundas del subconsciente, para psiquiatra diría alguna amiga mía.


-Vos sabés que tuve un día agotador, porque me tocó todo ese traslado de muebles recién retapizados y yo atrás en la chata sosteniéndolos para que no se arruinaran y respirando todo el gasoil… (Esto solamente lo puede hacer ella). Pero la noche ¡ fue de terror! Primero el pendejito que andaba como loco de un lado a otro sin parar hasta que lo metí a bañar. Esperar. Hasta bien tarde, que Coti se fuera a cenar con sus amigos. A esta hora recién logro ver mis mails, me voy finalmente a la cama y ahí, cuando empiezo a conciliar el sueño, a Bella la empiezan a llamar por teléfono, es el novio que está medio peleado, hasta que tiiimbre, tiiimbre, llega el novio, apago el televisor o no lo apago, escucho o no escucho y siguen peleando a los gritos en el living, luego mamá me voy a tomar un helado y ya son como las tres de la mañana y la alarma sin poner. Vuelve Bella, se va el novio. Pongo al fin la alarma. Ruidos de Bella cuando se acuesta y se cepilla los dientes, se hace gárgaras, tira los zapatos y cierra los cajones y puertas sin piedad. Silencio absoluto. Elcíades comienza a roncar con el estruendo que nadie, ni siquiera sus amigos, puede soportar.
Tiiimbre doble, puto timbre que suena dos veces cada vez y Coti abre sin que pueda sacar la alarma a tiempo, ya que Elcíades manotea dormido el control y toca lo que no es y la alarma pánico empieza a reventarnos los oídos. Por supuesto, ahí nomás el teléfono, la vecina que tiene encargado llamarnos cada vez que suene la alarma
Silencio al fin.
Absoluto.
Pasan unos diez minutos. Aquí es cuando el gato del vecino que ha esperado con paciencia que todo se calle y se apaguen todas las luces comienza a maullar con su maullido de gato calentón que quiere a mi gata alzada, “ a ver quién se encarga de llevarse esa gata y tirarla por ahí donde no pueda volver más"” se queja Elcíades levantándose de un salto para poner en marcha la estrategia de la persiana levantada y cerrada en un golpe brutal y yo imagino por el tono de voz que ya llegó al límite de su aguante, pero el gato sigue insistente con su maullido horrible, entonces vuelve a levantarse para buscar el sifón- plan B- y dispararle desde la ventana, santo remedio, al gato se le pasa la calentura. Silencio.
Los párpados me pesan como si fueran los de un elefante sobre mis ojos.
En la inmensidad que se produce cuando uno se está hundiendo en el sueño se escucha el “quiero yoguuuuuur” de mi malcriado hijo menor, se levanta Elcíades para atenderlo, vuelve Elcíades y cae dormido al instante, otras vez los ronquidos que hacen temblar las paredes… ¡quiero dormir! y lo logro…por poco…, porque suena el despertador, ahora debo levantar a Michaela para ir al colegio y acá estoy después de esta mañana agotadora con tanto calor y haciendo trámites.

A esta altura no sólo he recordado aquella noche de verano en el medio de las sierras, sino también, por misteriosas conexiones mentales, cuando con mi marido hemos sido unos verdaderos pavos reales pasando noches en vela por las salidas nocturnas de nuestras hijas, hacer la guardia, poner el despertador para irlas a buscar a cualquier hora de la madrugada, poner la alarma, sacar la alarma, ver si llegaron, si no llegaron, si está el auto, si se fue el novio, aguantar los llamados de sus múltiples amigas a partir de las doce de la noche, aguantar a que empiecen a cambiarse y a funcionar a full los secadores de pelo a la una AM y que vengan las amigas a vestirse y a maquillarse en casa, esperar que salgan de bailar muertos de frío en el auto, esperar en el bar leyendo el diario del recién iniciado día, minutos que parecen eternos en un tiempo de otra dimensión, pero quién le dice algo a Marta María, quien le dice que con el tiempo el sueño se te va haciendo pesado y ya no escuchás nada más, quién le dice, pobrecita, en esas condiciones y que aún sigue hablando, comenzando a enumerar todo lo que le falta hacer después, tan cansada, quien le dice, que ya ni siquiera tiene fuerzas para escucharme.