viernes, 17 de abril de 2015

EN DEFENSA PROPIA





No sabía para qué lo había puesto en el  lapicero, hasta esa noche.
Ya casi no llegaban cartas a los hogares, sólo alguna que otra cuenta que a pesar de ser enviada por la red, era  también llevada por el  cartero
Pero igual había conservado el abrecartas. Una espadita  afilada de plata, con cruces de nácar incrustadas en el mango, que había pertenecido,  tiempo atrás,   a su  querido padre.
No sabía para qué…hasta esa noche  en que estaba escribiendo  como siempre,  cuando  se le apareció el uñudo, al pie de la ventana y envuelto en una capa de niebla.


Uñudo: diablo


sábado, 11 de abril de 2015

DOÑA LUISA



Llegaba para trabajar, los lunes bien temprano.
Para esto, yo había lavado a mano  la ropa más delicada durante el sábado y el domingo. Y otra empleada había lavado todo lo demás durante la semana.
Luisa había sido la planchadora de la familia de mi esposo durante muchos años, y también fue de la mía, hasta que decidió no trabajar más. Había perdido totalmente la vista de un ojo a causa del glaucoma y le costaba calcular el espacio para movilizarse.
Doña Luisa, como la llamábamos con cariño, fue más que personal  auxiliar en casa. Me enseñó muchos trucos del tejido y de la costura. Nunca fui habilidosa con la máquina de coser, aunque sí  tuve paciencia para tejer y hasta para bordar, pero la costura es todavía para mí, un quehacer misterioso lleno de cálculos antropomórficos y senderos trazados por máquinas más complicadas aún.

Callada y bien dispuesta a escuchar mis quejas y reclamos con la vida, mientras planchaba ordenadamente, rociando primero las camisas, luego las sábanas y los manteles, haciéndolos rollitos para que la humedad se extendiera pareja  y quedara un planchado impecable. 
Así, viendo lo que ella hacía, aprendí a planchar la ropa masculina, sobre todo las camisas y los pantalones.

Muchas veces, me hacía pequeños arreglos  de costura  o me aconsejaba al respecto.
La paciente Luisa despejaba todas mis dudas y a veces contaba algo de su vida... muy poco.
De cómo había sido dejada como criada en un campo, en su niñez y cómo había aprendido a tejer  sola con dos ramitas de arbusto serrano. Siempre recordaba lo que le daban de comer en esa finca: un chorizo y una papa todos los días, sin variación.
Era muy habilidosa… Hacía los trajes de baile de sus nietos, cosía y tejía para ella y para otras familias, además de planchar en varias casas. Hasta había aprendido a hacer flores de tela que parecían naturales. Lo triste es que terminó ciega, sin poder utilizar tanta habilidad innata. Sabía de plantas, de huerta, de cocina y también de animales.
Un día le dije: Este pato que me regalaron me tiene cansada, se está comiendo todo; el otro día se dio un banquete de lentejas de agua. Me dejó el estanque pelado. Y ella me avisó: No es un pato es una pata. Bueno, dije, si no pone un huevo para Pascua, se la doy al mejor postor. Recuerdo ese  milagroso domingo de Pascua: como si me hubiera escuchado, nuestra pata puso un huevo enorme en el umbral de la cocina. Cuando nos cansamos de comer huevos de pata, la llevamos a una chacra para que tuviera mejor vida, pero sucedió que la pata estaba mejor entre seres humanos que entre los de su especie y así fue que la pata se quedó a vivir dentro de la casa de la familia campesina.

¡Qué no sabía Doña Luisa!
La quise mucho. Fue una compañía todos esos lunes de los años en que no trabajé por las mañanas.
Admiré su paciencia, su tranquilidad, y también la prolijidad con que se vestía.
Cada vez que plancho una camisa, siento que Doña Luisa me va diciendo el orden del planchado: primero las mangas, luego el cuerpo y  el cuello al final.
Claro que ahora se plancha cada vez menos, ya  que las telas no se arrugan como antes y basta con colgarlas en perchas y doblarlas  bien cuando están secas, cosa que algunas amas de casa muy apuradas ignoran, y van tirando las prendas sin cuidado, en una pila que crece día a día.

Bea.
  Escrito en el año 2014
Ilustración de: piniblu.blogspot.com.ar

sábado, 4 de abril de 2015

RECORDANDO A AMALIA




Iba por la calle… bajita, chueca, con el vestido manchado , roto y con su vaho propio. Los dedos saliendo por los zapatos destrozados. Con  tanta ropa que juntaba mendigando de casa en casa…Parece que solo le servía para venderla.
Allí iba, cargando las bolsas con todo lo que le daba la gente.Todavía me queda la duda si con los remedios que pedía…también hacía negocios.
El pueblo le había puesto diversos apodos, entre ellos La Cachavacha por la bruja que aparecía en una tira cómica para niños. Otro apodo era La Tumba Lata. Un día le pedí a una empleada, oriunda de la zona, me explicara qué quería decir ese apodo y rápido me contestó: la que tumba hombres…
Donde la encontrara, sabía que gritaría para saludarme y me vendría a dar un abrazo y un beso un poco pegajoso.
Pero era mejor eso que te gritara algún improperio en el transporte  o en algún lugar público, como solía hacer con otras personas.
La había conocido en mi adolescencia. Solo trabajó una semana en casa, pero no se olvidó nunca más de nosotros y en especial, de las tortas y del pan dulce que hacía  mi madre.
Cuando era pequeña se había salvado de morir de una meningitis gracias al Doctor como decía ella, alabando y mostrando respeto por el que fuera mi suegro.
Principalmente ejerció el viejo oficio y negoció con todo lo que podía. Tenía la viveza de   aquellos que se crían en la calle.
A veces, llegaba por casa muy insolente y cuando yo la retaba por sus maneras, se ponía seria y me pedía que no me enojara.
Las historias en las que se metía eran increíbles, como cuando se casó con un hombre muy viejo para ella , que en poco tiempo terminó en la cárcel.
Era característico el timbre tempranero de los domingos o de los días feriados que te sacaba de la cama: era ella con algún requerimiento o urgencia.
En los últimos tiempos se la veía poco. A veces aparecía golpeada y alegaba haberse caído. Cuando llegaba me decía: ¡Ya no doy más Beatricita!
Creo que tuvo varios hijos, pero solo conocí dos  muy bonitos,  cuyo  destino se asemejó al de ella.

Hoy me dieron la noticia. Amanda dejó de sufrir y andará por las calles de Dios, saludando a todos a los gritos, pero ahora resplandeciente y despreocupada.-  Bea 2015

lunes, 30 de marzo de 2015

LAS MANOS



Las manos de mi padre eran algo toscas… Yo las veía grandes, siempre tostadas por el sol.
Sus dedos parecían espátulas. Uno que otro estaba aplastado en la punta o en una uña, por algún accidente con herramientas.
Tenían mucha fuerza; podían hacer  casi cualquier cosa.
Si las mirabas desde las  palmas, eran manos con callos de trabajador, si las mirabas por la parte superior eran manos de artista donde la piel se mantenía suave y fina.
Manos incansables, capaces de tocar la guitarra  o el piano con rudeza para acompañarse en una canción desafinada, manejar el pincel con maestría para representar un paisaje o partir una piedra con la piqueta para tomar una muestra de minerales… Esas manos que procuraban darnos todas las comodidades y que lo mismo empuñaban una pala con brío que escribían una poesía  gauchesca, con aquella, su  letra  tan inclinada, tan decidida  y querida por mí.
Manos excepcionales.
Así como él.

Dea Bea

martes, 24 de marzo de 2015

INSTRUCCIONES PARA PRACTICAR AQUA GYM


Dicen los entendidos: "En el fitness acuático, el agua aporta equilibrio muscular y una mejor termorregulación. la temperatura corporal es mucho más estable, lo que proporciona una mayor comodidad y hace que la sesión de ejercicios sea más agradable. Asimismo, el aquagym aporta relajación y tranquilidad a quien lo practica, sobre todo por el efecto sedante del agua tibia" 

 Ahora, es conveniente que  tengas en cuenta algunas instrucciones que te vendrán muy bien para comenzar esta actividad, si no la has practicado aún.

1. Como seguramente llegarás justo cuando ya comenzó la clase por haber buscado a varias de tus compañeras por sus respectivas casas,  esas amigas que por tener alta conciencia ecológica usan tu auto-  en realidad no me gusta que maneje otra- y sobre todo,  para no perder más tiempo de esta valiosa actividad, debes llegar  al club con el traje de baño puesto. Ten en cuenta que las mallas para natación son algo difíciles de calzar la mayoría de las veces.

2. Guarda tus pertenencias y ropa en el casillero que encuentres más limpio, de lo contrario pagarás  las consecuencias.

3. Úntate las extremidades con vaselina para evitar la alergia al cloro y otros componentes químicos que hacen la pureza del agua de esa piscina, usada por cientos de personas cada día.

4. Cálzate las ojotas para no resbalar y coloca el toallón contra el frente de tu cuerpo, así disimularás al menos por un instante, los rollos impertinentes que han dejado los antojos  concedidos y el paso del tiempo.

5. Aspira la última bocanada de aire más o menos fresco del vestuario.

6. Si al entrar al natatorio, la calefacción está muy fuerte y los vapores tóxicos de cloro te hacen llorar los ojos, abre un poco y con disimulo alguna puerta o ventana que dé al exterior.

7. Cuelga el toallón en un sitio a la vista, y rápido pero sin prisa, simula darte una ducha fría que podría llamarse “enjuague de cortesía”, porque claro que ya te has bañado antes de venir.

8. Baja hacia la masa acuática con elegancia y fuerza, por la escalerita vertical, pero ojo que ésta se  acaba siempre antes de  lo calculado.

9. Trata de seguir las indicaciones de tu adorable profesora con brío y entusiasmo, y lo que es fundamental sin hacer cara de dolor alguno. La cara de esfuerzo molesta mucho a los profesores de gimnasia.

10. En el momento de la relajación, no te duermas sobre el flotador porque puedes llegar a roncar y a quedarte sola en medio de la pileta, ya que las demás respetarán tu sueño.

11. Si no te dormiste, puedes ir acercándote con disimulo a la escalerita de salida para tratar de llegar primero a los baños, ya que la necesidad de vaciar tus aguas internas será acuciante.

12. Date un baño calentito si es que consigues una ducha libre y  si es que logras equilibrar la salida de agua fría y agua caliente sin tiritar o escaldarte.

13. Sal de la ducha tratando de mirar solo hacia el piso por dos cuestiones:
a) para no resbalarte sobre los charcos de agua con champú
b)  o porque...¡  podrías  ver cuerpos femeninos nunca imaginados!

14. Vístete dentro de un baño, si es que encuentras uno libre, de lo contrario tendrás que hacer malabarismos bajo el toallón, no es cuestión de impactar a los demás con tus curvas pronunciadas.

15. Sécate el pelo si consigues un secador libre. En invierno es fatal salir con el pelo mojado!

16. Como a esta altura has llegado al límite de tus fuerzas, dirígete hacia el bar del club, donde todas las clases se festejan los cumpleaños del grupo con exquisitas tortas caseras y tómate un buen café.

Así repuesta, lograrás emprender el camino de regreso a casa y mantener el exceso de peso que por la gimnasia acuática eres capaz de llevar con un porte elegante y una actitud ganadora como ninguna.


domingo, 15 de marzo de 2015

INUNDACIÓN, FUTURO SIN CERTEZAS


Se los había dicho muchas veces. Qué ganan con seguir haciendo casas aquí en el valle, todos amontonados. Yo me quiero ir a vivir a la punta de la loma. Ahí, bien alto, porque la altura es salud. El smog queda abajo, las malas ondas y el peligro también.

Porque  lo que no me dejaba dormir era el riesgo de inundación.

Lo había soñado varias veces. Los viejos caños gigantes que bajaban del dique con la gran pendiente necesaria para generar electricidad, que desgastados y perforados por los años,  largaban pequeños chorros de agua por todos lados en divertido espectáculo... Esos, iban a ser la causa de la inundación.
¡Ahh  siempre pensando en negativo, “Katrina Come Back” ! Me decían todos los de mi familia,  por mi pensamiento  catastrófico.

Ahora que por lo menos muchos habían podido resguardarse, la gente de Defensa Civil me apuraba para que dejara la casa porque se venía lo peor. Ahora... al peligro intuido se agregaba  la lluvia torrencial que no paraba y la sospecha de que el dique tampoco iba  a aguantar: ¡una megacreciente!

Yo tenía preparada una caja con un rótulo: Supervivex. Tenía herméticamente encerradas varias cosas útiles, según mi criterio.
Un libro de supervivencia, yescas, cajas de fósforos, una navaja suiza, semillas de varias clases: de hortalizas y de frutales, de enredaderas, de flores y diversos tipos de aloe; agujas de tejer y de coser, un sobre techo de carpa, pilotos doblados en forma diminuta, fotos seleccionadas de la familia, rotuladores indelebles, hojas de papel,  cajas de variados remedios, pastillas para transformar el agua en bebible  y chocolates.
Supervivex era mi objeto secreto y al menos, nos permitiría sobrevivir en el medio de un desastre.
Debía alcanzar esa caja. Esperen solo un momento, dije y me agarré a una silla que ya flotaba a la altura del mueble sobre cuyo techo estaba guardada. Qué suerte que yo colecciono de todo y tengo todo previsto, pensé.
Sentí en el mismo momento que Julita gritaba: ¡Mamá qué haces, vamos!
La caja, alcancé a decir mientras manoteaba el techo del mueble de la cocina.
¡Ahí no hay nada, la tiré hace rato!- advirtió Julita.

Entonces  viendo flotar el estuche cerca de mí, pensé: Como no es el fin del mundo, me llevo la guitarra.  Y salí  por la ventana haciendo firuletes, nadando con un brazo y empujando el hermoso estuche  de mi guitarra con el otro.

Mientras tanto el oleaje oscuro y denso nos iba empujando rápidamente hacia la punta de una loma.-


Bea  Candiani 2008

lunes, 9 de diciembre de 2013

El comienzo de la pérdida



La habitación era muy luminosa, por las grandes ventanas.
Ya había pasado lo peor: el abandono sobre la camilla de la guardia en un pequeño y sofocante recinto, donde el olor a muerte se hacía insoportable  y también ,la terapia intensiva.
Estaba sentado en la cama de muy buen humor. Se había reído y escandalizado a la vez cuando la enfermera lo había acompañado al baño.
Conseguime un camisón, me dijiste con cara de pícaro pudoroso. Esto así, no va- agregaste.
Vimos un rato de televisión, estaban pasando un parque botánico y vos agregabas un montón de datos e historias sobre las orquídeas.
Estabas contento, todos habían venido a visitarte, hasta Pedro. Recuerdo…cuando lo viste, le preguntaste adónde era el asado. Pedro dice que te compró algo con dulce de leche y que te lo dio a escondidas.
Luego el cansancio te ganó y apagamos el televisor. Pero veías otras cosas en la pared luminosa que estaba enfrentada a la cama y me las ibas describiendo como si fuera una película. ¿Ves ese paisaje? Me dijiste. Es hermoso ese río con los pedregales… ¿Lo ves?
Y veías tu vida  transcurriendo en la pared al frente de tu cama y yo no tenía más salida que decirte que sí, que sí  veía.
Tuve que adaptarme aceleradamente a cada comentario tuyo para decidir casi sin pensar, cuál sería mi respuesta.
Hasta que te cansaste y me dijiste que lo apagara. En un momento de inteligencia, cerré las persianas americanas de los ventanales y así la pared dejó de brillar y la historia de tu vida encontró un cartelito que decía FIN como en las películas antiguas.
En esos días de internación no perdiste ni el ánimo ni el buen humor. Hombre bondadoso de alma ingenua, que seguías preocupado por tus descubrimientos, tus labores de investigación, y lo más extraño para nosotros que pertenecíamos a  generaciones posteriores, por un sentimiento de fidelidad a tu patria, un patriotismo insólito para quienes el mundo globalizado nos había desdibujado la mitad de ese concepto.

La habitación ahora estaba oscura.
Cansado de tanto ajetreo, te dormiste, pero la energía y la luz de tu espíritu nos iluminaban a todos para ayudarnos a superar el final.


jueves, 28 de noviembre de 2013

CRITICA DE LAS COSTUMBRES



Por estos lados, somos muy aficionados a criticar y escandalizarnos por las costumbres de las culturas que no conocemos, o de los ambientes de la sociedad donde no nos movemos.
Es fácil reconocer que la  sociedad  humana está conformada por  ambientes paralelos que son diversos y  que poseen campos de entrecruzamiento donde, en algún momento, se comparten acciones, sitios, objetos.
Pero es bastante difícil que los miembros de un ambiente social humano comprendan a fondo el origen y la justificación  de las costumbres de los otros círculos, ni aún compartiendo territorios aledaños.
Esta ignorancia sobre las costumbres tradicionales y emergentes- sobre las redes de patrones y significados- que  provoca incomprensiones de diversas clases, puede ser uno de los caminos hacia  la intolerancia.

Voy a dar un ejemplo muy sencillo y superfluo:
Recuerdo haber visto cómo una de mis  tías abuelas,  de origen catalán, daba a sus hijos pan con aceite de oliva y sal o tal vez azúcar, para merendar. En un país tan ganadero como era el nuestro hace unos 60 años, ver esto era como presenciar una escena de pobreza…quién no tenía una manteca en su casa y un poco de dulce para merendar. Yo había quedado muy impresionada y no lo pude olvidar nunca .
Ahora, relacionando el tema con ciertas comidas europeas que tenían como base el aceite de oliva y que al emigrar a nuestro país reemplazaran este elemento por crema o manteca, como sucedió con  la famosa bagna cauda, y conociendo el valor nutricional y anticolesterol del aceite de oliva, no puedo menos que reconocer mi total ignorancia y prejuicio al respecto .

Entonces, y a partir de este sencillo ejemplo, entre tantos otros que se dan diariamente, pienso cuántos conceptos, ideas, costumbres, se pueden prejuzgar y criticar por falta de conocimiento, por una burda ignorancia de otras culturas y  de la forma de adaptación a la vida, de  otros círculos sociales.
Por eso, no olvidemos la cautela cuando se nos ocurra hablar de  las costumbres de quiénes en algunas cuestiones son diferentes a nosotros.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

El síndrome de desorden: los papelitos y las mesas.



Un libro puede transportar  muchas cosas. Un cuaderno también, y más aún porque es artesanal y personalizado.
Pero qué sería de mis cuadernos y de mis libros si no llevaran muchos papelitos significativos adentro como si fuera un premio sorpresa, un regalito extra que si no vas con cuidado se te cae y desparrama por todos lados.
Una gran mesa puede servir para muchas cosas. Las mías sirven de escritorio, llenas de libros, cuadernos, agendas y sobre todo, las preferidas: las libretas de toda forma y color. Libretas para esto y libretas para aquello, porque son más fáciles de transportar, aunque en realidad no van a ningún lado y se estacionan activamente sobre la gran mesa.

Al  fin, después de muchos años de vida, he tomado conciencia de éste, mi desorden papelero que habita en el interior de  mis otros papeles más organizados  en sí mismos y menos ordenados en relación al espacio que les corresponde, y  también sobre esta mi actitud  conquistadora de mesas, otorgándoles  una personalidad de  escritorio, pero mucho más acogedora y magnánima…para su dueña.

lunes, 28 de octubre de 2013

Cómo se construye la sonrisa del otro



Hay gente que vive sin sonrisa: las arrrugas del rictus en la cara, el entrecejo fruncido, permanente.
Han perdido la capacidad de sonreír.
No cantan.
No hacen bromas.
A veces parece que pequeñas hormigas invisibles las picaran por todo el cuerpo.
Se acomodan la ropa.
Se estrangulan las manos.
Y vos me preguntás o quizás ya descubriste cómo se construye una sonrisa, cientos de sonrisas, un canto entre los labios, una actitud relajada y feliz.
Claro, sí... Se construye con las pequeñas cosas. Con un beso, un abrazo, una flor, un mensaje, una caricia, un decir cariñoso.
Porque cualquiera que emprenda la vida con responsabilidad y esfuerzo está haciendo las cosas a lo grande.
Pero esos actos pequeñitos hacen falta para que el amor construya sus andamios y haga nacer la sonrisa,
expresión sagrada y específica del ser humano.