jueves, 14 de marzo de 2013

Excesos I




¿Cómo puede funcionar una ciudad con exceso de vehículos?
 Funciona pero...¿ a costa de qué? Existen diferentes grados de exceso de vehículos. A Córdoba – de Argentina -le llegó la hora del atascadero continuo.

Fanática del andador, del triciclo y del autito a pedal  cuando niña, me sigue gustando manejar, lo que sea, un auto, una bicicleta, y cualquier otro vehículo si hace falta.
Pero  en estas circunstancias de exceso numérico de automotores, el conducir se vuelve  poco grato.

Dentro de este caos polimorfo que es el tránsito, nos encontramos con actitudes peligrosas.
La gente se altera más y puede suceder cualquier cosa ante una maniobra incorrecta.
Vemos cada día unos cuantos motociclistas en el suelo… esto ya es un  accidente cotidiano.
Algunas reglas del tránsito son ignoradas, como las que atañen a las rotondas y allí es un sálvese quien pueda.

Vemos gente sin casco en moto o en bicicleta, claro que tal vez en menor número que hace unos años. Van muy tranquilos en medio de la espesura del tránsito que por estos lados es un poco desordenado. Es muy común estacionar donde está prohibido-claro si ya no hay dónde estacionar-y los trámites hay que hacerlos.

Mala costumbre la de  abrir las puertas del auto sin fijarse, subir y bajar del mismo sin precaución y atravesar la calle por cualquier lado, en vez de usar las esquinas. No parar donde dice PARE y confiar ciegamente que el otro va a dejarte pasar, son algunos problemillas diarios.

¡Qué actitud esta de confiarse en la habilidad de los demás para esquivarte!
Hace unos diez años comenzó una campaña de educación vial muy importante dirigida por un entusiasta abogado especialista en accidentes de tránsito, y creo que a partir de esto han mejorado un poco las cosas, pero nadie puede controlar lo que sucede ante la cantidad excesiva de vehículos. No alcanzan las rutas, la intensidad de las horas pico se ha extendido a casi todo el día, no alcanzan las playas de estacionamiento, no alcanza el combustible.

Claro, tenemos el sistema de transporte público tan deficiente que aunque se estén haciendo cambios , la costumbre, el hábito y la confianza en lo público están muy distantes.

Tampoco tenemos una red eficiente de trenes, por temas de políticas de transporte ya conocidas. ¡Y podrían considerarse dichosos los que tienen trenes subterráneos! En este país, solo Buenos Aires.

Definitivamente, la invención del automóvil  se ha convertido en una pesadilla: hacinamiento, contaminación, gasto exorbitante en combustible, seguro, mantenimiento, cochera, etc.

¡Qué razón tenía mi tío, allá por la década de los ’70 cuando no quería comprarse un auto! Me queda mejor el taxi -decía- tengo menos gastos y encima chofer. Pero igual que todos terminó sucumbiendo al encanto de tener el propio.-

domingo, 24 de febrero de 2013

Vida de perros

En memoria de Laika



No sé cuando comenzó mi obsesión por los plumíferos. Quizás fue la primera vez que salí al jardín, oliendo su rastro, enloqueciendo…

He nacido guardiana. Innumerables riesgos acechan las vidas ajetreadas de mi gente.
¿Y si no fuera por mí? ¿Quién?

Los plumíferos son peligrosos; lo llevo escrito en mis genes milenarios.
Los plumíferos son poderosos, para ellos no hay fronteras.
Se me erizan los pelos de la nuca y del lomo cuando los veo. Corro persiguiéndolos y de vez en cuando los atrapo. Entonces festejo frotándome la espalda con sus plumas, las cuatro patas volando en el aire, el cuerpo rodando de un lado a otro sobre la suavidad plumífera en este loco ritual que me he inventado. O los llevo en la boca como trofeo exquisito mientras corro en círculos cada vez más rápido.
Es cierto que a veces me llevo puestos los muros del jardín, porque el enemigo vuela muy alto y en el afán de seguir su trayectoria sólo miro hacia arriba y… choco.
La verdad es que todo lo que vuela me vuelve loca. Los insectos que revolotean a mi alrededor y no respetan territorios ni tranquilidades ajenas. Peligro, peligro, peligro, doy tarascones al aire tratando de alejarlos de su paso y salto mordiendo la nada con un chasquido.

También me desesperan los gatos contemplándome provocativos sobre el filo del tejado o caminando lascivos sobre el muro. Y yo soy pequeña pero ladro con carácter y decisión para espantarlos y con la esperanza de confundirlos para que pongan mal una pata y caigan en mis fauces.

No entiendo como mi gente no escucha ni huele los peligros circundantes. Por ejemplo, los sonidos de las pisadas extrañas o los olores que se cuelan a través de las puertas prohibidas.
¡Me preocupa su seguridad!

A veces los escucho decir: ¡Esta perra es histérica!
¿Por qué me sentencian? Yo trato de no escucharlos y prefiero memorizar sus caricias ligeras y sus miradas mansas cuando pasan a mi lado, cuando buscan mis ojos con sus ojos, cuando me dicen: Hola Laika.

Ambientes de la casa: la cocina





Cuando pienso en una cocina, todavía queda en mí un pensamiento residual y ancestral de fogón, de cosa rústica, de cerámica, madera y también de hierro.
Cuando veo los diseños de ambientes para cocinar que están de moda, me parece estar observando quirófanos resplandecientes de metal.
Adivino quiénes fueron los primeros en inventar este estilo… ¿hombres asépticos? ¿Hombres maniáticos del orden…?  Mmm…juraría que mujeres no fueron.
Adivino los conceptos que les dieron origen, por ejemplo:
  •          Que no parezca que estoy en la cocina
  •         Que  parezca que estoy en… ¿dónde? ¿En  un no lugar? ¿En la recepción de un hotel? ¿En el living?
  • ·       Hagamos de cuenta que no estoy cocinando, esto no es una heladera, esto no es un mueble de cocina.

Luego pienso que entre los hombres comunes y corrientes hay varios tipos de cocineros: aquellos que usan el doble de utensilios que nosotras para hacer la misma comida y los otros que comerían sobre un papel con tal de no ensuciar nada y que por esa misma razón, toman de la botella, meten el dedo en el tarro de dulce, y toman bocaditos de todo lo que encuentran usando la función prensil de los dedos, que nos distingue de algunos monos. Bueno, estos no fueron los inventores del estilo en cuestión.
Dentro de los excesivamente ordenados están los que no cocinan por no desordenar. Abren los paquetes con la precisión de un bisturí y los cierran casi herméticos con varias cerraduras de refuerzo. Usan el mismo jarro para hacer cualquier cosa y lo lavan y lo vuelven a lavar. Son amantes de las picadas porque así se hace menos lío.
Y ni que hablar de los que desaparecen cuando es el momento de lavar los platos, ya que  para esta tipología de especímenes masculinos es una especie de tiempo peligroso para su hombría. Por eso el “andá a lavar los platos” es el insulto más usado cuando las mujeres que van al volante cometen algún pequeño error por las calles.
Bueno, esto parece fuera de época, pero hete aquí que algunas de nosotras todavía no gozamos del beneficio de un lavaplatos automático. Así de desparejo está el mundo. Por qué será que nos resistimos a la compra de este artefacto, ¿todavía no es imprescindible? O será por eso del contacto con el agua al que se refería una amiga mía que cuando estaba muy estresada se iba a lavar alguna ropita a mano y santo remedio…Aunque para esto hay una ley que funciona muy bien y que se aplica en mi casa:" el que cocina, no lava"
En fin…volviendo al tema, que estas cocinas de diseño minimalista suelen no usarse casi nada, como sucede en muchas casas de country donde sus habitantes no tienen tiempo de cocinar y recurren en forma permanente al delivery.


Contaminación auditiva: El otro…¿me importa?



 Atender el celular en sitios públicos   


En diversas ocasiones he buscado un sitio apartado de la sala de espera, donde aguardar tranquilamente el turno para la consulta médica, leyendo un libro o escribiendo alguna cosa.
Hete aquí que se sienta un señor mayor y celular en mano describe durante 15 minutos todos los estudios que le han hecho y sus resultados a viva voz. Luego se acerca la secretaria, se sienta a su lado y le comienza a dar la coordinación de turnos para salir de la encrucijada, también con voz clara y alta.
Sucesivamente - ¿se pondrán de acuerdo? - van apareciendo otros pacientes en la sala de espera que arreglan variados asuntos enterándose  todo el mundo y no dejándome concentrar en mi agradable tarea. Ni hablar de los que van y vienen  por los pasillos, perdiendo el rumbo correcto por estar sumergidos en el tiempo y en el espacio de las comunicaciones.Bueno, los bancos ya lo prohibieron pero en otras instituciones la cosa sigue sin control.
Por ejemplo en el gimnasio, templo sagrado de paz y esfuerzo concentrado.
Aquel que ha permitido atender el celular en el gimnasio, no ha sabido en qué infierno nos ha puesto a los que adoramos movernos al ritmo de la música sin ninguna otra distracción.
O tal vez,  ni se le ha pasado por la mente el problemita de escuchar llamadas varias donde se arreglan negocios, porcentajes, pagos y no pagos, horarios, problemas domésticos y otros llamados sobre temas insignificantes, que no conducen a ningún punto urgente. Mientras quien atiende el teléfono da vueltas en grandes círculos por todo el gimnasio… ¡Dios! ¡No me quiero enterar! ¡Y además de la charla… me mareo!
Tan fácil que sería atender la llamada en el hall y no en el salón donde acaban con la paciencia de los que queremos  paz.
Además, por alguna razón tecnológica, la mayoría de la gente que habla por celular no tiene dominio del nivel de voz que emplea y habla muy alto. Tampoco tiene la educación para respetar el espacio silencioso de los demás y contamina…contamina.
Recuerdo un día que subí al ómnibus muy cansada y además debía leer para un examen. Tuve que escuchar toda la narración de la agonía de un amigo de la pasajera contigua a mi asiento mientras hablaba  por su celular… ¡qué castigo!
Dejo de lado que haya amigos que se reúnan  en algún sitio para pasar un rato juntos y no hablen entre ellos porque están prestando atención a sus celulares de última generación que no cesan de enviar cosillas, no.
También es imposible ya acallar los llamados en todos los estilos musicales y sonidos en la gama que va desde la tradicional campanilla del teléfono antiguo hasta ese tintineo que hace recordar al Hada Campanita. Pero ese es otro punto de discusión… 







jueves, 22 de marzo de 2012

LAS SONRISAS, OLVIDADAS

Solo un ser irresponsable o poco lúcido puede caminar por estos lados con una sonrisa en la cara.
En la calle, en el supermercado, en el banco,... nos ponemos obligadamente la máscara de la seriedad, de la preocupación
No se puede andar feliz por la calle.
Solo tienen permiso los niños y  algunos adolescentes
Hasta las modelos y los modelos deben sacarse las caras de no me pasa nada y lucir una expresión de infelicidad y contratiempo sobre las pasarelas y en las sesiones de fotos.
Varias veces al día los medios se encargan de contribuir a la construcción de estas máscaras defensivas.
A veces me digo que no voy a escuchar ni ver ningún noticiero, pero después se hace necesario para saber qué máscara, de todas esas tristes y amargas, me pondré hoy.

Y de tanto usarlas se nos va perdiendo la alegría.


TEMPLOS NUEVOS: SALA DE MUSCULACIÓN



Armonía desde el primer peldaño de la escalera.
En el perchero, una bolsa invisible donde dejar los problemas.
Cada uno ocupándose de hacer bien lo suyo y alguien que se ocupa de todos en general y en particular.
Los individuos concentrados en el esfuerzo llegan a su propio encuentro.
Todos los músculos se estiran y contraen y se vuelven a estirar  a través de diversas ceremonias y aparatos.
El movimiento, la fuerza, la quietud.
Una música que potencia los ritmos. En las pantallas, imágenes de atletas, deportistas...nada que altere la atención.Tampoco las vestimentas pueden alterar la paz : deben ser armónicas y simples, geométricas siempre.
El entrenador atiende a sus gimnastas con dedicación y sutileza. Aquí lo único que se vence es a sí mismo.
Y aprovecha para dar ejemplo.
La temperatura es la mejor posible y se puede observar la naturaleza agreste tras los grandes vidrios o el agua azul del natatorio de la planta baja, lleno de luz natural y paisaje, donde atletas acuáticos o gente común se mueven en silencio casi absoluto, para los que observan desde arriba.

Puede ser el único sitio, en esta circunstancia histórica, donde se puede encontrar la paz y el mayor bienestar posible de nuestra cáscara física y de su tierno interior espiritual.
Un paraíso dentro de lo convulsionado, lejos del ruido vano del tránsito, oculto a los ojos de los que no son capaces de descubrir sus virtudes: un templo sin religión.


Imágenes de la web

martes, 26 de abril de 2011

Reflexiones I

Cuando solo se escucha el piar y el aleteo del último vuelo de los pájaros, en el atardecer, se siente tan bello el verde…
 Las flores mórbidas y brillantes de sol diurno se balancean por las brisas casi imperceptibles cuando vienen a libar su último trago  las abejas y los colibríes.
Y yo puedo pensar, en esa calma, que todo el planeta es una trampa atractiva, un espacio de vidas efímeras y  de glorias momentáneas rodeadas de azul , en un pequeño guijarro casi redondo que flota perdido en el esplendor del universo.


sábado, 9 de abril de 2011

Filosofía de tejedora.



Te sientes confortable entre tus lazadas
No dejas hilos sin atar
Ni cabos sueltos.
Repites como un mantra tus movimientos.
Creas en el aire formas de todas las dimensiones.
Te unes a la comprensión de las series matemáticas que construyen un tejido.
Comprendes los trucos, percibes las progresiones, los enlaces y las formas.
Por eso eres una buena tejedora, porque comprendes los números y sus relaciones.
El tejido va, sin embargo, con un sentimiento anexo: la necesidad de reconstruir los acontecimientos, hilar y enlazar la vida: fuertes lazos que no se destruyan .
Lazos para siempre. Tramas y urdimbres eternas.

Dedicado a mis hijas María Lía y Julieta, grandes tejedoras!
Imagen de http://puntosyalgomás,blogspot.com

domingo, 28 de noviembre de 2010

Dichos cordobeses y de paso tomamos unos mates.

Frases que rondaron por la mesa de un taller literario al cual asistí durante los años 2007 y 2008, lugar apto para dejar crecer los buenos sentimientos, que dejó valiosos recuerdos.

La mayoría, son seguramente de Cristina Loza, la conductora del taller, que es una mujer con mucha agilidad para el lenguaje. Otros son de algún compañero. Todos seguramente son más viejos que el mundo… (los dichos , eh?)

Pena compartida es media pena.  Cholo.

El arte es reencuentro con uno mismo.

En el juego se ven las personas.

No quiera ponerle pantuflas al perro…


Más cerca del arpa que del piano.

¡¡Todos los ómnibus te dejan en tu casa!!

La ilusión es el motor del alma.

Las casas grandes son agobiantes para quiénes son pocos. Se dispersan las energías.

El hombre es como el oso; cuanto más feo, peor para él. Ebe

En la vejez, al hombre lo único que se le sube son las encías.

No es bella quién quiere sino quien puede.

El que tiene, retiene, y guarda para la vejez.

A mayor seguridad del observador, menos importancia del aspecto del observado. Guille

Lo que no mata, fortalece.

El disfraz de San Jacinto, nada más que un cinto.

El humor vuelve más soportable la idea de la muerte.

No ve ni un gaucho con espuelas de plata. Guille

La medida más antigua de la humanidad es el ma’ si.


A veces la familia pesa como un collar de sandías.

Cuando el animal se cruza es porque el alambre está caído.

Los culpables de tiempo completo son el plato favorito  de los irresponsables.

En la vida hay que andar con orejas de hule y cuerpo de pato.


Acomodarse a lo que te falta, acostumbrarte a lo que te falta, es una manera de no vivir. Guille

Cuando uno se va para huir del problema, lo primero que entra en la maleta  es el problema. Cristina?

Estamos muy pendientes de la mirada del otro

Para la gripe…sudor de cuerpo presente.

Cuando no te importa, llega la libertad.



Todo hombre necesita un castillo donde volver, donde sacarse la armadura, donde ser admirado.

El hombre quiere ser el primero de una relación, la mujer quiere ser la última. Cris

Muchas batallas y ninguna nochebuena.

Yo tiro la cuerda…no soy la cuerda.

Si le queda grande, mídaselo de nuevo.

No importa lo delirante que sea una historia, al ser bien contada, se vuelve creíble.

 Plano“alpargata” el que se hace en el piso, caminando.

Un apodo: “bragueta salvaje”

Cómo pedir limosna: ¿No tiene un peso que le estorbe?

Somos como las cascadas, necesitamos las piedras para ser maravillosos.

Dios nace cuando muere el primer individuo de la tierra.

Oiga, usted lee más rápido de lo que yo escribo.

La soledad es como un poncho mojado.



 Y para finalizar los especiales


Más hablador que un perdido encontrado. Dicho cordobés

Hay una vieja que quiere vivir cien años, para vivir haciendo daño. (un mozo de restaurante de Bo. Gral. Paz.)





viernes, 22 de octubre de 2010

Posibilidades

Un año más…debo aguantar un año más…
¿Y cuánto hace que estás trabajando aquí?
Tres...
¿Tres? Ah, serían cuatro años ¿Y después qué?
Me voy al ejército ¿Vio que acá los muchachos trabajan unos años y después se van al ejército?
Claro-le dije- ya me di cuenta.
Sí, había visto algunos que volvían, después de un tiempo, muy cambiados: el pelo corto y  el cuerpo musculoso. Atrás quedaban las melenas largas y abundantes, los aros y piercings, la pinta de cuarteteros, de flacos pelilargos, la tez amarillenta desaparecida.
Y además-seguí adivinando- seguramente, por un tiempo, el muchachito no tendría  que preocuparse  por la comida de cada día, la ropa diaria o el lugar donde vivir. Tampoco sería su preocupación una guerra verdadera, ya que había casi ninguna posibilidad de que eso ocurriera. Aprendería lo suficiente de armas, estrategias, etc. etc. y al salir podría tener bastante trabajo en empresas para custodia, para los numerosos countries, barrios privados de la zona, o quién sabe, podría formar su  empresa para estos fines, o su ejército particular o…podría andar tranquilo por la calle con su físico bien desarrollado por los ejercicios violentos y la comida fuerte y con sus nuevas habilidades para defenderse.
Analizando un poco, el panorama sería bastante más amplio del que le podría ofrecer una carrera  terciaria, que bien sabe no podría cursar trabajando todo el día.
Me siento como una gitana vieja, adivinando mientras busco en el fondo de sus ojos negros. Duendes oscuros  bailan alegremente en sus pupilas mientras termina de acomodar el pedido en cajones de madera. Lo sube a mi camioneta y me dice con sencillez, tal vez recordando sus años de secundaria tan cercanos y sin terminar…
Chau profe, que le vaya bien!
Ahora es cuando le deseo lo mismo y un nudo invisible me comienza a apretar la garganta.


Imagen: de la Web con intervención digital.