martes, 27 de octubre de 2009

Naturaleza muerta con aromas

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Mientras las acaricio con la mirada, puedo oler las hojas de albahaca intensa, las ramas del romero campestre, los tallos tiernos de la menta salvaje, los ramilletes de  flores de lavanda antigua...Todos contenidos en el gran cuenco de madera.
Aromas de la huerta y del jardín que me acompañan, me impregnan las manos y la ropa todos los días cuando incursiono por esos territorios buscando qué agregar a las comidas para que sean mágicas, para que logren congregar  alrededor de la mesa de rotunda y pesada madera, la del comedor, ese lugar donde diariamente nos sentamos sin sacarnos ni las armaduras ni las armas.

Afilados cuchillos se vuelven las palabras en la mesa redonda.
Y las lanzas vibran verticales en los ojos esquivos con ansias de sangre…
Entonces les digo, les cuento, los nombres inventados para mis comidas. 
Y deseo intensamente, ruego, que las hierbas aromáticas sirvan de conjuro y curen desde los vapores tenues que emanan los platos servidos.
Aún – todavía , no he perdido la esperanza.

lunes, 29 de junio de 2009

Por fuera y por dentro










Por fuera era un cactus frondoso de espinas.
Pacha Mama se las había hecho crecer.
Pero por dentro era un tibio nido perfumado, que pocos podían percibir.
Necesitaba encontrar alguien que supiera mirar su interior.
Tenía una leve sospecha, un presentimiento de que sí, de que andaba por ahí.
Alguien con quien pudiera reír francamente, alguien para quien sus palabras no fueran ofensa y dolor…



martes, 26 de mayo de 2009

Tirando del hilo de la memoria.



Siempre que con mi memoria vuelvo a la niñez me refiero a mi reinado de cinco años exactos donde fui el centro de atención de toda la familia, como primogénita hija de primogénitos, hasta que llegó la ternurita de mi primera hermana que nació para el estrellato y para deslumbrar de tal manera que ella fuera siempre el centro de la cuestión, desde ese momento y para siempre.
Imagino en ese breve reinado, la competición de mis abuelos por ser el más aceptado por la primera nieta, la desesperación de mis dos tíos jóvenes por llamarme la atención con sus cachivaches. Uno de ellos, mi padrino, fue casi como una madre en los primeros meses de vida, y siempre mantuvo vivo su cariño por mí a través de los años. Y a quien, a pesar de la lejanía y de mis numerosas ocupaciones tuve la dicha de poder visitar en sus últimos días.
Me veo bailando sobre la mesa del comedor con toda la alegría de quien recibe los halagos y los aplausos desde los corazones de su familia.
Hablando de corazones, recuerdo que había un rito, cuando nos sentábamos a la mesa: nos tomábamos de las manos y levantábamos los brazos gritando arriba los corazones.
Estuve un poco sola esos cinco años. No sé si me costaba entretenerme, tenía todo un mundo por descubrir y también varias personas mayores a quien desesperar con mis ganas de hacer todo lo que ellos hacían.
Mi padre era una figura de bondad, paciencia y seguridad. No había cosa que no pudiera solucionar con su buena voluntad y creatividad, siempre procurando nuestro bienestar.
Estaba bastante celosa de mi madre que era hermosa, rubia y de ojos celestes. Tenía una figura muy linda y yo me sentía una pulguita morocha y de ojos negros, igualita al papá, según decía la gente.
Me gustaba tanto cantar y bailar. Y cantaba sí, pero en un inglés inventado, impostando la voz como si fuera una artista sexy de un musical de Hollywood.
La música me hacía subir al cielo. Me sentaba en el piso, con el oído pegado al combinado, cuando mamá ponía su colección de discos de música clásica y era seguro que terminaba con los ojos llenos de lágrimas de tanta emoción.
Era aburrido estar sola. Cuando no se podía salir al jardín me pegoteaba al tablero de dibujo donde trabajaba mi padre y él, para mantenerme entretenida me daba lápices y papeles y a veces, la máquina de escribir- una Remington de teclas redondas- que aprendí a manejar sin problemas y en poco tiempo, porque me fascinaban sus mecanismos sencillos y numerosas palancas y palanquitas.
Jugaba con todas esas cosas que suele coleccionar un geólogo y también me mandaba mis buenos desastres invariablemente. Desparramaba las colecciones de puntas de flechas que mi padre había recogido en sus viajes por el país y con las colecciones de piedras semipreciosas y de las otras hacia puntería en las rejillas del baño.
Había un pequeño problema de Edipo, seguramente, porque hubo un día en que estábamos alojados en un hotel de Villa Allende, uno de esos viajes de negocios de mi padre, y yo desaparecí por completo. Tendría escasamente tres o cuatro años.
Mientras mis padres, desesperados, corrían buscándome por todo el hotel, yo estaba muy entretenida dentro del placard, aspirando el perfume dulzón a flor de manzano y cortando en forma de flecos, los ruedos de los sedosos vestidos de mi madre, con una tijerita de viaje.
Ahora que tironeo de mi memoria creo que fui una niña rebelde desde que nací, pero la vida me fue amansando despacito y a la fuerza, ya que por competir con la simpatía de mi hermana tuve que esforzarme por ser buena alumna y buena hija en lo que estuvo a mi alcance.
De quién saqué: la rebeldía, el hacer cosas para comprobar qué pasaba, probar a la gente, comprobar los sentimientos, no dejar nada sin hacer… Creo que de mi madre, la imagen insuperable para mí.
Hoy que tengo la seguridad de que nadie es perfecto, puedo decir que mi madre fue requerida por mí en la niñez, juzgada en la adolescencia y en la juventud, perdonada en la adultez, amada y admirada en mi edad madura, y aún su figura sigue siendo inalcanzable, aún... todavía.

martes, 28 de abril de 2009

Arte escondido


Lo llevaba encerrado en su mano izquierda, porque sabía que si lo dejaba suelto se le iba a estampar sobre la frente como una etiqueta.
A veces abría un poco los dedos y su brillo escapaba brevemente.
El era pequeño y tímido, y no podía  andar mostrando ni los alborozos, ni las cicatrices, ni las heridas del alma como todos los artistas lo hacían.
Sin embargo, estaba llegando el momento: lo presentía.
Estaba cerca... Ese día... cuando iba a andar con el rótulo de artista por los callejones de la existencia, impreso en el rostro como una marca de fuego incandescente.
Dea Bea

lunes, 23 de marzo de 2009

VIVE LA VIDA LOCA




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Frenéticos ritmos de vida nos llevan a realizar los actos más ridículos e increíbles, mientras vamos de un lado al otro tratando de cumplir con los múltiples trámites que implica el transcurrir diario.
Si a la velocidad del movimiento le sumamos la tecnología comunicacional, potenciamos la rareza de los resultados.
Y si además agregamos desconocimientos varios de los aparatos y protocolos, seguiremos aumentando la exoticidad de los hechos.


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Caso 1: Automatismos
Alguien supo de la señora joven, que llevando a su hijo al colegio, semidormida, entregó a la empleada del peaje una redonda y mordisqueada galleta de arroz en lugar de la tarjeta correspondiente?
Y quién sabe por qué la empleada la recibió, la miró y como no se decidió a probarla, la devolvió con una mirada de dame lo que corresponde y quién sabe…, yo no se la hubiera recibido ¿o la empleada estaba igual de dormida?

Caso 2: Texto predictivo para SMS
Qué hubiera pasado si no hubiera dado un vistazo previo al SMS donde volvía a pedir datos a una amiga: Necesito que me contestes si van a venir o no a la fiesta, SORDA!
Y si no hubiera alcanzado a corregir!
Necesito que me contestes si van a venir o no a la fiesta, PORFA!
Les aclaro que porfa es una manera abreviada y cariñosa de decir por favor.


Caso 3: otro de texto predictivo para SMS
Cuando una amiga me informa de sus dramas, un contratiempo, una enfermedad, etc.
Y en el SMS que le mando sin mirar aparece como contestación: SEXO POR VOS
En lugar de REZO POR VOS

Cosas de la velocidad…
¿A uds. les pasó?


lunes, 16 de febrero de 2009

Categorizaciones







Según un pariente joven que circula por mi casa muy a menudo, solicitando permisos para usar diversas instalaciones,
yo soy una mujer de NO rápido y SI fácil...

Claro, le he aconsejado que ante el No, los hombres deben insistir por lo menos tres veces,
porque los que siempre ganan son los insistidores … los tozudos, los de paciencia infinita...





domingo, 1 de febrero de 2009

Normas para cuando sea vieja



¡Cuando se vive dentro de una gran familia!


Debes esmerarte en tu arreglo personal. Más cuando estás un poco vieja.

Siempre es más grato ver una ancianita coqueta que una poco prolija.
El peinado enmarañado es de lo más feo en una persona.
¡Pobre de mí, mi pelo no se queda en su lugar!
Nunca manchas en la ropa y cuidado con las uñas desprolijas - resultado de lo poco que una ve.¡¡¡Desagradable!!!
Buen aspecto , buen humor...anotando.


Mantener ciertas normas de convivencia acordadas con los demás, es bueno.


No es conveniente comentar cosas al que está al lado viendo la TV, sobre todo cuando a una se le ocurre describir lo que ya se está viendo.
Sólo se permiten comentarios si se está en son de joda y lo que menos importa es el programa que trascurre.


No leas en voz alta, artículos del diario o revistas o libros que estás leyendo, ya que por más que pienses que es lindo compartir algo interesante... a los demás, generalmente, no les interesa.

Trata de mantenerte en silencio casi siempre.
El silencio es salud.
¿Por esto serán los votos de silencio de las monjas de clausura?
También es cierto que la mujer, como el pez, por la boca muere…

No a las quejas continuas de todo lo que te duele.
Si hablas de enfermedades, debes ser muy sintética en la exposición de lo propio.
El dolor del otro es siempre peor.

Una no es el ombligo del mundo…

No cuentes permanentemente todo lo que te pasa.

Una no es el ombligo del mundo…

Pregunta más sobre cómo están y se sienten los otros.
Pero no preguntes tanto… no es cuestión...
Es mejor escuchar más que preguntar.


En realidad, las cosas que a una le pasan o que le parecen importantes, no son tan interesantes como una cree y la gente siempre anda en la búsqueda de una oreja que escuche.

Una no es el ombligo del mundo.

No te metas en las formas de hacer de los demás…
Si, ya sé que a veces no se puede desperdiciar el momento para enseñar algo que una sabe muy bien por experiencia. A los otros les cae mal que una sepa todo.

Por lo tanto: No opines si no te preguntan.

No hables siempre del mismo tema. El “machaque” aleja rápidamente a las personas.

No analices profundamente las conductas de los parientes y de los amigos, hay otras cosas de que hablar más inofensivas… que sé yo… se aceptan sugerencias.
Guarda en tu interior los aspectos negativos de las personas bien guardados y considera sólo los positivos.

Aprende a entretenerte con cualquier cosa que no implique molestar a otro.

Claro, si puedes entretenerte con otro...¡ mucho mejor !

Agrego un dicho de Sofía Loren citado por Isabel Allende en su libro "La suma de los días":
Mi secreto es mantener una buena postura y no hacer ruidos de vieja, es decir nada de quejarse, gruñir, toser, resoplar, hablar sola o soltar vientos...
-¿qué me dicen de la Loren?

miércoles, 14 de enero de 2009

Robando anécdotas



A las orillas del lago, bajo los viejos pinos, mi amiga Tita, a los 86 años, con el rostro relajado por la juventud retenida, cuenta su anecdotario con total desparpajo.
Jubilada de la docencia, maestra rural por siempre destinada al medio de la nada, en la alta montaña cordobesa o en los sitios marginales más inverosímiles, viajera del mundo, aventurera empedernida, se regocija narrando pequeñas historias que pintan al pueblo cordobés con su mejor característica: la picardía inteligente en la actitud y en el lenguaje.

Ésta es una de ésas:

Un día, iba en ómnibus a visitar unas amigas. El asiento contiguo vacío, para mi absoluta comodidad.
En la mitad del trayecto, que era bastante largo, subió un individuo mal vestido, muy sucio y extremadamente borracho.
Temí que justo me fuera a tocar de compañero de viaje y lo seguí atentamente con la mirada para determinar hacia dónde se dirigiría.
El sujeto me clavó los ojos, como en una devolución de miradas, se acercó tambaleante y luego de pararse con dificultad al lado del asiento vacío y de respirar profundamente, me dirigió un galante: “no vai a tener suerte” y … siguió de largo.

viernes, 26 de diciembre de 2008

La casa tomada y Quino


Iluminada por el blanco de las paredes encaladas, hacía un esfuerzo por imaginarme en algún lugar diferente y me aliviaba pensarme flotando en el espacio, rodeada de estrellas, en cómoda posición fetal.
Sentirme flotando, dulce sensación, tal vez, de volver al vientre de la madre.
La esperanza de no haber nacido todavía.
La posibilidad de comenzar todo de nuevo.
Sentía mi cuerpo debilitado, aplanado, pegado, consustanciado con la cama.
En realidad, sólo me quedaba aliento para sostener algún libro liviano de pequeño formato.
Leí muchos libros en ese entonces…
Sábato, Cortazar, García Marquez y tantos otros me acompañaron en esos momentos de indefinición, de tiempo suspendido en un largo presente de futuros desconocidos, improbables y oscuros.
De todos los escritores que me acompañaban en ese letargo estival sólo uno me daba recreo y me dibujaba la sonrisa en la cara, ese era Quino con Mafalda y sus amigos.
Desde entonces, Joaquín Salvador Lavado, Quino, fue mi ángel de la guarda.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Villa Luigia

El mismo recorrido de cuatro cuadras aspirando el aire puro de la mañana, el olor de los pinos en verano y el de los paraísos florecidos en primavera, abriendo bien los ojos recién despertados, para admirar los árboles antiguos y los nuevos entremezclándose en los jardines y en las veredas. Lo hago día tras día durante casi cincuenta años…
Y el cielo…Tantos cielos diferentes en cada mañana.

Comienzo el camino saludando la panza del palo borracho hasta que un día, de tanto resistir las heladas y crecer y crecer contra la lógica del clima del lugar, su tamaño asusta a los dueños y va a parar a la basura. Entonces queda un cruel espectáculo de ramas destrozadas, de entrañas corchosas desparramadas por la calle entre los charcos sanguinolentos de las flores rojas caídas del ceibo vecino.

Me queda la felicidad de pasar por el frente del castillo, con sus dos torres que parecen salidas de un juego de ajedrez gigante y las paredes de color ladrillo que contrastan sus anaranjados terrosos con el verde de las palmeras y de los siempreverdes del cerco.
Pero lo más fabuloso es ver los helechos colgantes, enraizados en las alturas, en los troncos de las palmeras formando cabelleras verdiclaras llenas de pájaros inquietos.
El castillo parece estar siempre abandonado aunque haya alguien habitándolo. El casero pone límites, de vez en cuando, a la vegetación indomable que crece tranquila sin que la molesten. Cada día, cada vez que paso , siento la necesidad imperiosa de rescatarlo de las ruinas en que se está convirtiendo.

Tuve la suerte, esas casualidades, de visitarlo varias veces. El mobiliario que se conservaba en su interior era sorprendente. Grandes roperos con espejos de casi tres metros de altura. Los marcos tallados de los bargueños y de los sillones que también eran altísimos, donde se representaban guirnaldas de elementos vegetales coronadas por murciélagos que provistos de un realismo impresionante, parecían salir de la madera oscura…De todo esto dicen que solo ha quedado un espejo.
Nunca pude conocer la terraza ya que las escaleras estaban y están destruidas.
¡Qué fiestas se habrán realizado!
¿Cuántos habrán bailado sobre los pisos de listones largos?
Y la fuente en el centro del jardín formando una rotonda de caminos... ¡Qué hermosa pudo haber sido con sus chorros de agua! Y con su escultura coronándola.

Alguien lo habita. Alguien lo quiere usar como salón de fiestas, alguien como boliche bailable. Pero ocurren desgraciados incidentes y siempre vuelve a quedar abandonado.

Algún día me enteraré, estoy segura, de cuáles son los fantasmas que rondan, niños regordetes de ojos azules y pelos rubios encrespados, que me saludan, cuando paso, desde las torres.


Villa Luigia, lleva este nombre por Luigia Olcese. Dicen que un arquitecto italiano trazó un borrador de los planos y así sus primeros dueños la construyeron. Al pasar un largo tiempo llegaron los planos finales de la Toscana, Italia, donde la villa había sido diseñada de un tamaño considerablemente mayor que la obra realizada, por lo que las escaleras quedaron fuera de la casa en sí. Faltan partes de su piso de madera, ya que fueron levantados para hacer las camas de la Casa de los Canillitas, construida en la manzana posterior, en terrenos que pertenecieron a esta Villa y financiada por Dora Olcese. Cuando paso este cuento, hay un grupo de un partido político que intenta alquilarla para poner un Centro Cultural o algo así y un café. Además dicen que acudirán a Arquitectura de la Provincia para que ayuden a restaurarlo.
¿Será?