martes, 27 de octubre de 2009

Naturaleza muerta con aromas



Mientras las acaricio con la mirada, puedo oler las hojas de albahaca intensa, las ramas del romero campestre, los tallos tiernos de la menta salvaje, los ramilletes de  flores de lavanda antigua...Todos contenidos en el gran cuenco de madera.
Aromas de la huerta y del jardín que me acompañan, me impregnan las manos y la ropa todos los días cuando incursiono por esos territorios buscando qué agregar a las comidas para que sean mágicas, para que logren congregar  alrededor de la mesa de rotunda y pesada madera, la del comedor, ese lugar donde diariamente nos sentamos sin sacarnos ni las armaduras ni las armas.

Afilados cuchillos se vuelven las palabras en la mesa redonda.
Y las lanzas vibran verticales en los ojos esquivos con ansias de sangre…
Entonces les digo, les cuento, los nombres inventados para mis comidas. 
Y deseo intensamente, ruego, que las hierbas aromáticas sirvan de conjuro y curen desde los vapores tenues que emanan los platos servidos.
Aún – todavía , no he perdido la esperanza.